El poder de una buena comunicación emocional

El poder de una buena comunicación emocional

Inteligencia Emocional y comunicación asertiva.

 

Un pequeñísimo extracto del libro El arte de conversar de Friedemann Schultz Von Thun, dice “Tú eres diferente a mí, yo soy distinto a ti, así que si nos escuchamos mutuamente, partiendo de la aceptación de la postura del otro, de nuestro encuentro podrá surgir algo más rico y acertado que lo que aportaba cada uno por su cuenta”.

¿A qué suena tan bonito como utópico? ¿A qué cuesta encontrar ejemplos en la vida cotidiana de relaciones interpersonales que transcurran desde posturas tan equilibradas y enriquecedoras?

La comunicación interpersonal forma parte de nuestra vida cotidiana y refleja tanto la forma que tenemos de entendernos como el trato que nos dispensamos unos a otros. Y es en esa habitualidad que solemos identificar mucha gente que se relaciona tóxicamente con los demás y personas que entran en ese vínculo, lo padecen, no saben cómo revertirlo y/o cómo salir de él.

En el ámbito laboral, por ejemplo, pasamos muchas horas. En este contexto, un jefe o un compañero que infravalora nuestro trabajo todo el tiempo puede suponer nuestra ruina emocional. Si estamos esas extensas jornadas laborales temiendo su trato imperativo y despectivo y guardándonos todas las sensaciones que nos provoca detrás de un tibio y temeroso “de acuerdo”, probablemente esa relación convierta nuestro desempeño profesional en un infierno.

Lo que está claro, y lo hemos mencionado hasta el cansancio, es que no está en nuestras manos hacer nada para que nadie - ni siquiera nuestro jefe o compañero tóxico - dejen de serlo; en lo que sí podemos intervenir es en lo que nos pasa a nosotros con todo ello y se trata de aplicar la inteligencia emocional a nuestra forma de comunicarnos.

“Ya que no puedes cambiar al otro, transfórmate tú para transformar lo que el otro te provoca”.

¿A qué suena liberador?

Liberador, además de posible.

 

Von Thun, por ejemplo, sostiene que todos los mensajes, independientemente de su longitud, tienen cuatro aspectos a tener en cuenta y que son los que desarrolla en su “Modelo de las Cuatro Orejas” y el que, por su alto impacto y efectividad, aplica Agnieszka en el programa de Inteligencia Emocional. Veamos de qué se trata.

Todos sabemos que en cualquier proceso de comunicación humana intervienen un emisor, un mensaje y un receptor encargado de resolver y/o decodificar el mismo. Pero aquí es donde emerge lo interesante del modelo, ya que muestra que cuando alguien se expresa no envía un sólo mensaje, sino cuatro que detallamos a continuación:

  1. Sobre el contenido objetivo del mensaje o noticia.
  2. Sobre la relación: lo que piensa el emisor del receptor y cómo se sitúa frente a él. Esto se manifiesta en la formulación elegida, el tono, su lenguaje no verbal.
  3. Sobre la influencia: casi todas las noticias tienen la función de ejercer alguna influencia en el receptor para que piense, diga o haga algo.
  4. Sobre la auto-exposición: es lo que se manifiesta del emisor (voluntariamente o no) a través de la noticia. Por ejemplo valores y/o sentimientos.

 

Ahora bien, para facilitar el entendimiento y evitar distorsiones en el mensaje deben suceder dos cosas fundamentales:

  • Que el emisor encuentre el equilibrio en estos cuatro aspectos o sepa cómo acentuar el que más necesita.
  • Que el receptor sea capaz de escuchar teniendo en cuenta esos cuatro aspectos de la noticia; o sea, que escuche con las “cuatro orejas” o priorizando la correcta.

 

Efectivamente, la conversación va a adquirir un curso muy diferente, según con cuál de las cuatro orejas el receptor escuche mejor. Si tomamos el ejemplo del jefe imperativo y despectivo y el empleado miedoso podemos suponer que el primero se comunica priorizando la influencia (esperando -única y concretamente- una acción inmediata del empleado); y el segundo escucha el mensaje anteponiendo la oreja de la relación (se ve infravalorado y por eso siente miedo).

Muchas veces, el receptor no se da cuenta de que ha desconectado uno o varios oídos y así condiciona el desarrollo de una comunicación interpersonal distorsionada. De alguna manera, el miedo paralizante le ha llevado a “viciar” esa forma de comunicación con su jefe y así la transcurre resignado, pensando que no hay nada que pueda hacer.

No obstante, tal vez lo más importante de todo esto, es que el receptor es libre de elegir a qué aspecto de la noticia reaccionar, aprendiendo a priorizar, por ejemplo, otra oreja que le facilite llevar adelante esa relación de manera más saludable para él.

Este abordaje del modelo de las cuatro orejas dentro del programa de Inteligencia Emocional, es muy revelador e interesante. Por un lado, cómo hemos visto, nos permite conocer los mecanismos para transformar cualquier emoción en otra más saludable para nosotros; por otro, nos permite tomar conciencia y trabajar en otros aspectos importantísimos ligados a la comunicación emocional como la escucha activa, la empatía, la asertividad y el lenguaje no verbal.Imagínate cuánto poder personal te puede dar transformar ver un jefe que no valora tu trabajo y empezar a ver a un infeliz que da órdenes…

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